Durante años, verificar la identidad de una persona en un proceso digital parecía relativamente sencillo: comprobar su documento, comparar su rostro y confirmar que estaba presente.
Pero la inteligencia artificial está cambiando este escenario.
Los deepfakes permiten generar o modificar imágenes, videos y voces con un nivel de realismo cada vez mayor. Para las empresas que realizan onboarding o validación de identidad de forma remota, esto plantea una pregunta cada vez más importante:
¿Cómo saber que detrás de una identidad digital existe realmente la persona que dice ser?
El fraude de identidad ya no consiste únicamente en utilizar un documento falsificado o los datos de otra persona.
Hoy pueden combinarse datos reales y ficticios para construir identidades sintéticas. Al mismo tiempo, las herramientas de inteligencia artificial permiten generar contenido que puede utilizarse para intentar suplantar a una persona real.
Esto crea nuevos desafíos para bancos, fintech y empresas que realizan procesos de validación de identidad a distancia.
Una fotografía puede mostrar un rostro, pero no necesariamente demuestra que una persona real esté frente al dispositivo en ese momento.
Entre los intentos de suplantación pueden encontrarse:
Por eso, una estrategia de validación no debería depender de una única señal.
La identidad debe comprobarse a través de diferentes elementos del proceso.
La biometría facial permite comparar las características del rostro de una persona con la identidad que está presentando.
Pero existe otra pregunta:
¿La persona está realmente presente durante la validación?
Ahí entra la prueba de vida, que añade una capa adicional para comprobar que la interacción está siendo realizada por una persona real y presente, y no únicamente mediante una imagen, video o contenido reproducido.
Esto resulta especialmente relevante en procesos remotos, donde no existe un asesor o funcionario frente al cliente.
Frente a nuevos métodos de suplantación, validar únicamente un documento o comparar un rostro puede no ser suficiente.
Un proceso más completo puede combinar:
Documento + identidad + biometría + prueba de vida + evidencia
Cada elemento aporta información diferente y permite construir un proceso de validación más robusto.
Además, la evidencia permite dejar registro de lo ocurrido durante la operación, algo especialmente relevante cuando posteriormente es necesario revisar cómo se realizó una validación o firma.
Para las organizaciones que realizan onboarding digital, el reto está en encontrar un equilibrio entre seguridad y experiencia.
Un proceso demasiado complejo puede generar abandono. Uno demasiado simple puede dejar espacios para intentos de fraude.
Por eso, antes de elegir una solución de validación de identidad, conviene preguntar:
La inteligencia artificial no solo está transformando la forma en que trabajan las empresas. También está cambiando las herramientas utilizadas para intentar cometer fraude.
Un rostro puede ser generado. Una voz puede ser clonada. Un documento puede ser manipulado.
Por eso, ver una cara ya no debería ser sinónimo de verificar una identidad.
En Keynua, la Videofirma combina validación biométrica y prueba de vida para ayudar a comprobar la identidad del firmante durante procesos remotos. Además, genera evidencia de la operación realizada.
Esto permite incorporar la validación de identidad dentro del propio proceso de firma, sin separar al usuario en diferentes recorridos.
En un escenario donde distinguir entre una persona real y una identidad generada resulta cada vez más complejo, la pregunta ya no es solamente si puedes identificar a alguien.
La pregunta es: ¿puedes demostrar que esa persona realmente estuvo detrás de la operación?
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